Después de vivir un mes con Doña Chelo, encontramos el lugar perfecto para vivir. Justo un día antes de que nos corrieran, supimos de una agencia que ayudaba a estudiantes del extranjero a encontrar apartamentos.
Llegamos por la tarde y esperamos 2 horas hasta que nos atendieran. Nos recomendaron un apartamento de tres habitaciones, muy accesible y de buen precio. Pero la dueña, lo estaba enseñando a otra inquilina en ese preciso momento. Era el momento de correr.
Con Carlos salimos de la oficina a toda velocidad, detrás de esa vaga esperanza. Llegar a la parada del metro fue lo sencillo, aunque no conocíamos las calles y, obviamente, nos perdimos. Por suerte nos encontramos con unos transeúntes que nos indicaron la dirección correcta.
Después de un par de vueltas, llegamos a la calle correcta: La Calle Diputacio, encontrando el edificio número 50. Nuestro Santo Grial.
La fachada era clásica y estaba muy bien cuidada. Un edificio imponente, con un color crema sobrio y elegante a la vez. Era perfecto. Después de conocer el apartamento y recibir la aprobación de la dueña y la otra inquilina (De esa inquilina, hablaremos con más calma en otro post), decidimos quedarnos ahí. Nuestra alegría era incontenible.
Por fin, después de un mes, teníamos un lugar donde vivir tranquilamente.
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