Llegué a Barcelona el 1 de Noviembre de 2007. Era invierno y Barcelona era sombría y deprimente. Pero llegaba con un sueño, de crecer como profesional y acercarme a la persona que deseo ser. Llegando al Aeropuerto del Prat, de Barcelona, mi compañero en esta aventura, Carlos Andino me llevó al que sería mi hogar por 1 mes: La Casa de Doña Chelo.
Doña Chelo era una viejecita jubilada que alquilaba dos habitaciones para estudiantes. Nosotros dos, fuimos los "afortunados". La casa de Doña Chelo quedaba en un cerro, lejos de todo. Era como el Hatillo, pero sin el lujo o el dinero. Ahi fue, donde conocí la vida más sencilla.
No había Subterráneo por esa zona, así que tenía que tomar un autobús que me dejaba muy cerca de la casa.
Luego caminaba para llegar a la Calle Lorda, donde estaba la casa de Doña Chelo. Al estar lejos de todo, la diversión se hacía complicada. Para llegar al cine más cercano, se necesitaba un viaje de 40 minutos. El Centro de Barcelona, estaba a casi una hora. No había internet y no podía ver la televisión porque Doña Chelo la veía todo el tiempo. Así que todo el día era esperar a que llegara la hora de ir a la Universidad y los días que no habían clases, eran peores todavía. El saber que estaba obteniendo conocimientos invaluables en las clases, me daba fuerza para soportar la situación.
Este era el tramo más díficil, todos los días cuando regresaba. Es horrible la sensación de tener que ir a un lugar donde no estás cómodo, donde eres infeliz. Así me sentía en la casa de Doña Chelo. No tenía mi espacio (mi cuarto era extremadamente pequeño) y no podía distraerme excepto leyendo. Leí 3 novelas, muy gruesas, durante mi estadía con Doña Chelo, lo que me ayudo a mantener la salud mental que me queda.
Esta es la puerta que yo más temía ver. Al llegar, no tenía ni ganas de abrirla. Era el frío y la noche, lo que me impulsaban a entrar. Con Carlos, buscamos otro apartamento para vivir, en todos los lugares y formas posibles. Pero la búsqueda siempre daba los mismos resultados: el apartamento es muy caro, piden 3 meses de alquiler por adelantado (2,000 euros en algunos casos), el dueño quiere un aval bancario (que todavía no sé que es). En fin, la esperanza se desvanecía.
Cerca del infierno "Chelístico", estaba un humilde parque en el que pasaba mis tardes. Solo buscaba aire fresco y escapar por un momento de esa claustrofobia que me rodeaba. También frecuentaba el famoso Parque Guell, que estaba a 15 minutos de caminata. Sin duda el suero necesario para dejar un poco de lastre en el camino.
Pasaban los días y no encontrabamos un lugar para vivir. Finalmente, un día antes de que Doña Chelo nos corriera, mi hermana Lesly que vive en Madrid, encontró una agencia que ayuda a estudiantes internacionales a encontrar apartamento en Barcelona.
La Esperanza estaba ahí. La última esperanza.
Pasaban los días y no encontrabamos un lugar para vivir. Finalmente, un día antes de que Doña Chelo nos corriera, mi hermana Lesly que vive en Madrid, encontró una agencia que ayuda a estudiantes internacionales a encontrar apartamento en Barcelona.
La Esperanza estaba ahí. La última esperanza.
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